Crece la disputa mundial por acaparar vacunas antiCOVID

Nerviosismo 2 La Unión Europea recuerda a AstraZeneca que financió la investigación y exige que no se la venda a terceros países. Trudeau acusa a los europeos de acaparadores y de poner en peligro la entrega de dosis a Canadá y México. El director del laboratorio británico lamenta el egoísmo de los países que ahora dicen “yo primero”

En menos de dos meses, el mundo ha pasado de la carrera por la vacuna a la carrera para acaparar la vacuna contra la COVID. De la euforia al ver a la primera persona vacunada en el mundo -”Es el mejor regalo de navidad”, declaró la afortunada anciana británica el 8 de diciembre- hemos pasado al nerviosismo ante la evidencia de que no se está vacunando al ritmo deseable para que la humanidad quede inmunizada y la pandemia haya sido derrotada en la segunda mitad del año. 
Los laboratorios han pasado de héroes a villanos por dos problemas que van de la mano. El primero, que nunca advirtieron que una cosa es sintetizar con éxito un suero inmunológico y otra que puedan producirlo en masa en poco tiempo; y el segundo, que no están siendo transparentes a la hora de distribuir las dosis y hay sospechas de que las están vendiendo al mejor postor. Casualidad o no, las dos naciones más avanzadas en la campaña de vacunación son Israel, estado opaco en cuestiones de seguridad nacional; y Emiratos Árabes Unidos, con todo el dinero del mundo para privilegiar a sus escasos connacionales.
En cualquier caso, la única certeza a estas alturas -además de que las nuevas variantes del SARS CoV-2 son más virulentas que la cepa original y están disparando el número de contagios y muertes- es que el famoso “espíritu de hermanamiento” entre todas las naciones, en las que las ricas ayudarían a las pobres para salir todos de la pandemia al mismo tiempo, está moribundo. Y buena prueba de ello la dieron ayer la Unión Europea y Estados Unidos.
Europa pierde los nervios en Davos.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aprovechó que era escuchada por el presidente de AstraZeneca en el marco del Foro (virtual) de Davos para reprocharle, en un tono inusitadamente duro, que no está entregando las vacunas prometidas. “Europa ha invertido miles de millones para ayudar a desarrollar las primeras vacunas del mundo contra la COVID-19, para crear un auténtico bien común global. Y ahora las empresas tienen que cumplir, tienen que honrar sus obligaciones”, dijo.
En un tono aún más agresivo, la comisaria europea de Sanidad, Stella Kyriakides, amenazó con llevar a AstraZeneca a los tribunales por incumplimiento de contrato y declaró: “La Comisión Europea quiere saber exactamente qué dosis se han producido por AstraZeneca hasta ahora, y a quién o a dónde se han entregado”.
Egoísmo y “nacionalismo vacunal”.
En respuesta, el director ejecutivo de AstraZeneca, Pascal Soriot, lamentó la falta de colaboración entre gobiernos en la lucha contra el coronavirus, y denunció el comportamiento egoísta de algunos países. “El logro de las primeras vacunas podría haber sido la ocasión para una gran celebración’’, declaró. “Pero desgraciadamente no lo fue porque hubo un comportamiento del Yo primero”.
Por su parte, el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, también usó el Foro Davos para alertar que “los países ricos están acaparando las vacunas”, tal como denunció un día antes el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus: “El nacionalismo vacunal puede servir a objetivos políticos a corto plazo, pero el interés económico a medio y largo plazo de cada nación es apoyar la equidad”, dijo.
Pero las alertas y críticas siguen cayendo en saco roto.
200 millones más para EU.
Ajeno a la polémica, el presidente de EU, Joe Biden, anunció ayer la compra de otros 200 millones de dosis adicionales a las ya sobreexplotadas farmacéuticas Pfizer y Moderna, lo que disminuirá dramáticamente la posibilidades de que esas vacunas sean repartidas en otras naciones.
Para evitar la “fuga de vacunas”, Biden firmó en su segundo día de mandato un decreto que impide la exportación de vacunas elaboradas en fábricas estadunidenses, al menos hasta lograr la inmunidad de rebaño, que espera ocurra antes de verano.
Mientras en Canadá, el primer ministro Justin Trudeau, acorralado por las críticas tras anunciar Pfizer que interrumpía la llegada de vacunas a ese país, rogó literalmente a Biden que permita el paso de cargamentos de vacuna.
Pero sus palabras más duras fueron contra los europeos, a los que acusó de “acaparadores”, de falta de solidaridad y de poner en peligro las campañas iniciadas en otros países, como Canadá y México, si siguen con sus amenazas de bloquear las exportaciones de vacunas. “Sería muy preocupante, no podemos permitirlo”, declaró.
Y en medio del drama, otro rayo de esperanza.
El ruido de tambores en esta nueva batalla mundial por la vacuna apenas dejó escuchar una noticia esperanzadora para ganar la guerra a la pandemia.
Ayer, la revista Science confirmó que el antiviral Aplidin, producido por la empresa española Pharmamar y probado en laboratorios experimentales de Francia y Estados Unidos, ha demostrado una disminución del 99 por ciento de las cargas virales de SARS-CoV-2, y es 30 veces más potente que el fármaco Remdesivir, lo que supone un auténtico balón de oxígeno para los enfermos graves de COVID.

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